- Así como los meteoros celestes abren
- pétalo tras pétalo para descubrir el polen
- y la miel
- así buscan mis dedos y abrazos
- donde poner sus huesecillos de vida.
Manlio Argueta
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De "Molino Rojo": Jacobo Fijman
Elegía
Cuerpo, criatura, sí, tú y yo nos conocimos.
Tal vez corrí a tu encuentro
como corre la nube cargada de relámpagos.
Ay, esa luz tan breve, esa fulminación,
ese vasto silencio que sigue a la catástrofe.
Quienes ahora nos miran (piedras oscuras, trozos
de materia ya usada)
no sabrán que un instante nuestro nombre fue amor
y que en la eternidad nos llamamos destino.
Rosario Castellanos
Vladimir Ezhakov
- Iba, en un paso rítmico y felino
- a avances dulces, ágiles o rudos,
- con algo de animal y de divino
- la bailarina de los pies desnudos.
- Su falda era la falda de las rosas,
- en sus pechos había dos escudos…
- Constelada de casos y de cosas…
- La bailarina de los pies desnudos.
- Bajaban mil deleites de los senos
- hacia la perla hundida del ombligo,
- e iniciaban propósitos obscenos
- azúcares de fresa y miel de higo.
- A un lado de la silla gestatoria
- estaban mis bufones y mis mudos…
- ¡Y era toda Selene y Anactoria
- la bailarina de los pies desnudos!
- Si tu quisieras enseñarme
- si en este instante pusieras tus pies en el lugar justo,
- juro que aprendería el lenguaje de la danza.
- Sé que al verte así, en ese compás etéreo
- y sin mirar más que a los dioses
- que iluminan tu armonía
- soy presa de una angustia
- que solo anhelo liberar con tu lección de danza.
- Hazme volar, donde tu vuelas
- en las noches clandestinas en que yo
- no puedo sino contemplarte extasiada
- y soñar con tu mano junto a la mía bailando.
Ignacio díaz Olano, (Vitoria, 1860-1937)Kenneth W. Maddox
Arthur Kampf
Mi pasión no existiría
si dijese su nombre.
Suzanne Eisendieck Estás en mí tan lenta que parece agua continua.
Te veo caer
en mis últimos
sueños, en blancos espacios de soledad.
A la distancia
mínima del deseo y la belleza.
Oigo la música de tu cuerpo en la yema de mis dedos.
Ni el candor de tu rostro, que revela
que tu sensible corazón dormita,
ni tu mórbido seno que palpita,
ni tu inocente gracia que consuela;
ni tus brillantes ojos de gacela,
ni tu boca de grana, urna bendita
donde un beso parece que se agita
cual mariposa que vagar anhela,
inspiran más al alma enamorada,
por tus encantos celestiales loca
ya tu yugo hace tiempo encadenada,
que ese lunar que a adoración provoca…,
¡pequeña, fugitiva pincelada
que el Amor quiso dar junto a tu boca!
Fresco Painting of a Dancing Maenad From the Villa of Cicero at PompeiiIsla de Lesbos (hacia el 610 a.C-hacia el 580 a.C.)
Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra...
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca, Y gris, verde, y rubia,
y morena...
Quiéreme día,
quiéreme noche...
¡Y madrugada en la ventana abierta!...
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda... O no me quieras!
Dulce María Loynaz
Claudio Castelucho, Spanish DancersQué voz hace crujir el vestido de seda
de esta noche y entreabrir los muslos tiernamente
y desnudar su espalda de mujer?
Parece ser el canto ebrio de bacantes
o el susurro lejano de una viuda
o la lluvia entrecortada de una novia.
¿Qué voz extraña hace que el perro se levante y dance,
y la luna galope en el lomo de un caballo,
y el lago abra su ojo cristalino más que nunca?
¡Levántate, amor! La noche espera ser ungida
de vinos y perfumes,
sacrificada como una diosa frágil
entre los brazos de la tierra.
Laine GarridoEn el jardín secreto, bajo el árbol,
despacio, muy despacio, desataste mis trenzas
y luego, impetuoso, porque yo sentí frío
y terca me negaba, arrancaste mi ropa.
Con cíngulo de alta enredadera
la deslucida organza que sirviera de colcha
a la cuna común, experto me ceñiste.
En la callada hora, muy lejos de los padres,
con jugo de geranios la boca me teñías
y ajorcas vegetales en mis breves tobillos,
se enroscaron.
Bailé furiosamente.
Cual halo tras de mí henchíase la túnica,
en torno a ti crecían los aros de mis huellas.
Yo, tanagra diversa, evasivo laurel
y tú quieto. Perfectamente quieto
salvo el brazo con el que me flagelabas.
De Los devaneos de Erato. 1980. Recogido con posterioridad en Indicios vehementes (Hiperión, Madrid, 1985)
- (Florencia, 1856 - Londres, 1925) Pintor norteamericano.
- Hijo de un matrimonio norteamericano de brillante posición económica, se relacionó siempre con la más alta clase social y pasó la mayor parte de su vida viajando.
- Recibió su primera formación artística en Roma en 1868, que posteriormente amplió en la Academia de Bellas Artes de Florencia entre 1870 y 1873.
- Finalmente, en 1874 consiguió entrar en París en el taller del retratista Emile Auguste Carolus-Duran, al tiempo que asistía a clases en la Escuela de Bellas Artes. A partir de 1877 comenzó a exponer en el Salón.
- Tras estos años de formación, varias experiencias tuvieron un gran impacto en el desarrollo artístico de Sargent.
- En primer lugar, un viaje a España, en 1879, donde conoció y copió la obra de Velázquez expuesta en el Museo del Prado.
- De esta época son sus cuadros de escenas de tipos españoles entre los que destacan los titulados El jaleo y Carmencita. En 1880 visitó Bélgica y Holanda, donde conoció y copió los trabajos de Frans Hals. Y en 1881 conoció al artista norteamericano James Abbot Whistler en Venecia.
- En 1884 presentó el Retrato de Madame Gautreau, que se conserva en el museo metropolitano de Nueva York, el cual provocó tal escándalo que le obligó a abandonar Londres.
- En 1887 trabajó con Monet en Giverny, y realizó su primer viaje profesional a América.
- Expuso en los Salones de París y en los de Certámenes Universales de la capital francesa, en 1889 y 1900.
- En 1897 fue elegido académico de la Academia Nacional de Diseño de Nueva York y de la Real Academia de Arte de Londres.
The Dancers, Cher OdumBajo qué ramas, di, bajo qué ramas
de verde olvido y corazón morado
la roja danza muerde tus talones
y te estrechan amantes amarillos.
Desde qué repentina lontananza
giras, me nombras, saltas entre el aire,
mientras yo permanezco absorto en sueños
aún dormida creyéndote en mi alcoba.
Qué plateada tristeza te reviste,
si alegre hasta tu alegre voz acudo,
los pies descalzos, para entrelazarme
sal paso de tu danza apresurada.
Dónde te vas cuando te vas y lloran
las colinas, a solas con tu nombre
para siempre, hasta oír al lado mío
tu voz que me pregunta a quién aguardo
Bajo Qué Ramas, Di, bajo Qué Ramas Antonio Gala