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sábado

EL JARDÍN DE LAS DELICIAS






De pronto unas siluetas
atardecen como una instantánea
color sepia.
Los relojes se han parado
y un relumbrón de paz
ha interrumpido los oficios
y el vuelo de las aves.
A través de la traslúcida ventana
se adivinan los sedosos perfiles.
Cuatro pupilas dilatadas brillan
imbricadas y entre los visillos
de organza,
dos hermosas damas
trenzan en sus cuellos
el bálsamo amoroso.
Una huele el ropaje de la otra,
y la otra,
ávida de la sustancia de la una,
se adentra en su cráter inflamado.
Las embelesadas amantes
se traspasan la piel y se alborozan
en sus límites.
Se enredan los cabellos
en la miel del beso hirviente
y la parte interna de los muslos
es una incisión que reverdece.
La perfección es un mandala
que lubrica el multiplicado labio
esparciendo zumo de jazmín.
¿Quién se atrevería
además de las cortinas venecianas
a importunar el cortejo divino
que derrota la penumbra
en el jardín de las delicias?

 Meri Pas Blanquer














Photo: Alexandra Danilova
... 

SÁBANA DE ARRIBA


 John Asaro





Me instalé cuidadosamente doblado
entre la ropa blanca del closet
Sacaste las sábanas de tu cama
y me pusiste de sábana de arriba
Te deslizaste debajo de las tapas
y te cubrí centímetro a centímetro
Entonces fuimos barridos por el huracán
y caímos jadeando en el ojo de la tormenta
Ahora yaces bañada en transpiración
con la vista perdida en el cielo raso
y la sábana de arriba aún enredada entre las piernas.


 Oscar Hahn



.
 

SIN TI



 Katya Gridneva




Después de la marea

viene la resaca

y luego la firme dinamita

que convierte

la indiferencia

en gránulos químicos

de fermentada náusea.


Sin ti

sin tus manos

dormidas

entre mis muslos

me volaré

las uñas adheridas

con tu ADN y arderán


antes de llegar

al infierno.






Meri Pas Blanquer
Del libro Eróticos desvaríos. 2013
Editorial Edición personal/Ópera prima


RETORCIDA Y AÑORANTE...

Liu Yi


 

Retorcida y añorante,

pálida y afligida,

la flor destila

aceite para sobrevivir.

Será la espada

la que acaricie

sus sutiles pétalos

para despertar

los áridos afectos

olvidados.

Será su hoja punzante

con acero templado

la que matará

sus recuerdos

y así,

la rosa volverá

con su efluvio oloroso

a germinar de nuevo.


Meri Pas Blanquer 

Del libro Eróticos desvaríos 2013

 

 

Alejandrinos blancos para un nadador en cierne


Zhuzhu





Anochece temprano, estamos en invierno,
a las 7 p. m. marcarán los termómetros,
según el Canal 2, unos 14 grados.

Aunque el agua está a 30, sería lo prudente
no quitase las batas antes de tres minutos
de besos. Ya quitadas, tomarse medio más
para verse desnudos a la luz (no habrá otra)
de los cuerpos. Y así ganado grado y medio,
clavarse en la piscina, nadar, nadar, nadar
como desesperados 60 metros: sólo
entonces no sabremos dónde comienza el agua
ni dónde acaba el cuerpo. Y en prenatal tibieza
y flotantes abrazos, lentos celebraremos
nuestro primer encuentro de edénicos delfines
aunque los submarinos besos sepan a cloro.

Y juro que no habrá resfriados, querido:
uniendo grandes toallas a malos pensamientos,
sí, nos valdrán sombrilla, viento, frío y distancia
al cruzar el jardín hacia la regadera
donde para empezar nos enjabonaremos
el uno al otro...







Ulalume González de León







viernes

ALGO DE BELLEZA


Michelle Jader

 

 

Resplandece entonces,
como lápida de mármol
que emergiera de repente
en el espeso bosque.
Sale de su cueva
y se filtra por las aguas
contaminadas.
Ella resiste la batalla
del hombre
aniquilador.
La mujer no se lamenta,
asciende y con paso firme
busca su transparencia.
Estratos donde precipitarse,
algo de belleza
en algún lugar.
Unas partículas
que colmen el milagro
de la vida.
Y sabiéndose
dueña de su vértice,
aterriza con mano suave,
tantea su pétalo carnoso y
suspira aliviada.


Meri Pas Blanquer, del poemario: Eróticos desvaríos

 

sábado

A medianoche

Constantine Lvovich





A medianoche me despierta la lluvia, un aguacero,
el viento azota las hojas, orejas
enormes, plumas enormes,
como un animal perseguido, un perro
gigantesco o un cerdo salvaje. Truenos y ventanas
que se estremecen; del tejado metálico
cae una tromba de agua.

Estoy tumbada bajo el mosquitero,
enredada en una tela húmeda, el pelo lleno de sal.
Cuando escampe habrá luciérnagas
y estrellas, más brillantes que en cualquier lugar;
podría contemplarlas en momentos
de pánico. Están a años luz, si lo piensas.

A la porra la poesía, es a ti a quien deseo:
tu sabor, la lluvia
en tu cuerpo, mi boca en tu piel.



  • Margaret Atwood (Otawa.1939)



Y allí pongo mi boca...

Lorraine Christie




Unas palabras son inútiles y otras
acabarán por serlo mientras
elijo para amarte más metódicamente
aquellas zonas de tu cuerpo aisladas
por algún obstinado depósito
de abulia, los recodos
quizá donde mejor se expande
ese rastro de tedio
que circula de pronto por tu vientre,

y allí pongo mi boca y hasta
la intempestiva cama acuden
las sombras venideras, se interponen
entre nosotros, dejan
un barrunto de fiebre y como un vaho
de exudación de sueño
y otras cavernas vespertinas,

y ya en lo ambiguo de la noche escucho
la predicción de la memoria:
dentro de ti me aferro
igual que recordándote, subsisto
como la espuma al borde de la espuma
mientras se activa entre los cuerpos
la carcoma voraz de estar a solas.


José Manuel Caballero Bonald

¿Por qué no vienes y me matas?





¿Por qué no vienes
y me matas?
no te dejes ni una costilla
viva,
apura hasta el último hueso que me queda.
Encadéname a tus muñecas,
líbrame de la indiferencia
de los días grises,
de las sábanas enormes
enroscadas en mi cuerpo.
Ven,
aterriza,
planta tus raíces
sobre mi ternura olvidada.
Colócate sobre mi espalda
y escucha la música
del tiovivo que renace
entre la nuca
y mis pies de porcelana.
No tengas clemencia,
clava la daga
tan adentro
que no vuelva
a escaparme jamás.
Derrámate en la laringe
codiciosa,
sé tú mi sustento.
Ámame.


Ven. Ven. Así. Te beso.

John Lavery





Ven. Ven.
Así. Te beso.
Te arranco. Te arrebato.
Te compruebo en lo oscuro, ardiente oscuridad,
abierta, negra, oculta derramada golondrina,
oh tan azul, de negra, palpitante.
Oh así, así, ansiados, blandos labios undosos,
piel de rosa o corales delicados, tan finos.
Así, así, absorbidos, más y más, succionados.
Así, por todo el tiempo.
Muy de allá, de lo hondo,
dulces ungüentos desprendidos,
amados, bebidos con frenesí, amor hasta desesperados.
Mi único, mi solo, solitario alimento,
mi húmedo, lloviznado en mi boca,
resbalado en mi ser.
Amor. Mi amor.
Ay, ay.
Me dueles. Me lastimas.
Ráspame, límame, jadéame tú a mí,
comienza y recomienza, con dientes y garganta,
muriendo, agonizando, nuevamente volviendo,
falleciendo otra vez, así por siempre,
para siempre, en lo oscuro,
quemante oscuridad, uncida noche,
amor, sin morir y muriendo, amor, amor, amor, eternamente.


  • Rafael Alberti


domingo

Estoy en ti buscando vegetales en tu origen







Estoy en ti

buscando vegetales en tu origen.

De tu vientre los musgos si levanto

el árbol humedeces

y transformas,

si canción o río desbordado

te yergues del ritmo

a las orillas.

Estoy en ti

-desnudo-

como niño que juega

a las auroras.

Reverbera la casa con tu nombre

compañera que fuerzas

a erigirme.

Materna niña

nuestra

vuestra,

heme aquí contigo

rescatando la hierba a los umbrales.


  • Oscar Wong

sábado

El Después

Charles Gilbert Kapsner





El Después


Penetro tu sintaxis corpórea
en la inmediatez del grito,
deambulo en la memoria de tu cuerpo
y me quedo:
Exhausta
Original
Trascendente,
siendo un mantra en nuestros hilos de respiración.

En el después, se arrincona una mirada inexistente
un viento de paloma en el hueco del mundo
el parto de dos huesos crudos expandiendo el origen
un titular que no nos habla sino desde el regreso.

Recorro entonces, el reposo
lentamente en un movimiento entregado a la materia inicial
del fragmento
que nos corta.


  • CARLA VALDÉS DEL RÍO
  • Chile, 1985


Tu y yo conocemos el alfabeto del fuego.

Robert Heindel





Amo tus pechos salvajes
en ellos late el corazón
del cosmos submarino.
Amo tu piedra púbica
que quema. En ella guardas
el primer alfabeto
del pueblo Caldeo.
Entre tus muslos
hay una playa inmensa,
"una vaguada que crece
en musgo y luz".
El sol se alarga, se crece y te besa.
Sobre tu piedra vi resplandecer
el cuello del Cóndor de los Andes.
Anduve tus playas y bogué
tus mares con mi olfato.
Con mi tacto, mis ojos,
mi oído y mi lengua.
Después sepulté
mí monolito ardiendo
entre tu jungla.
Se desbordaron tus mares
cuando mis ríos entraron en ellos.
Agnitza: tu y yo conocemos
el alfabeto del fuego.



  • EL alfabeto del fuego
  • (Fragmento de la obra Agnitza la diosa de fuego)
  • Carlos Muquitay

martes

Solías mirarme como a una extraña...

Renata Domagalska





Solías mirarme como a una extraña,
a veces me sentía tan observada
que la ropa se me empapaba toda,

tu boca suspiraba alaridos sordos,
tu nariz inspiraba a granel
mis endorfinas, mis tejados de concha,
mi falla henchida por tu marea.

Luego, después de minutos sostenidos
y de sabias afirmaciones
me inundabas de dedos
y de lengua,

y yo te maldecía en mil idiomas
te arrancaba las entrañas
con tanto afán
que una tarde cesó de llover para siempre,

los pantanos se secaron,
yo me evaporé súbitamente
y tú, tú te convertiste
en Dios.



..

sábado

Casi un cuento

Robert Hefferan, painting





Casi un cuento



Él susurró que lo mejor sería
no enamorarse,
ella no le llevó la contraria,
para qué si se sabía vencida.
Ante todo se dejó acariciar
por sus manos manchadas de ternura.
Eso sí,
no se enamoró de sus manos.
Más tarde no impidió que sus labios
muy lentos la abrasaran,
pero tuvo cuidado,
no se enamoró de sus labios,
y aunque tampoco se opuso a que su lengua
la hiriera sin remedio,
no se enamoró de su lengua
ni de sus ojos ni de su voz
ni de la palidez que le subía a la cara
entre los besos,
esa palidez que a ella más y más la arañaba.
Pero tuvo cuidado y no se enamoró.
No, no se enamoró.
Para qué si se sabía vencida.
Una y otra vez volvieron a encontrarse.
Sin amor.
Eso sí,
felices como niños.



  • Ángeles Mora
  • Córdoba, 1952

**

jueves

¡Gloria y loor a Ella, a su útero vivo de pistilos...

Martin Pate





Inanna



Como la flor madura del magnolio
era alta y feliz. En el principio
sólo Ella existía. Húmeda y dulce, blanca,
se amaba en la sombría
saliva de las algas,
en los senos vallados de las trufas,
en los pubis suaves de los mirlos.
Dormía en las avenas
sobre lechos de estambres
y sus labios de abeja
entreabrían las vulvas
doradas de los lotos.
Acariciaba toda
la luz de las adelfas
y en los saurios azules
se bebía la savia
gloriosa de la luna.
Se abarcaba en los muslos
fragantes de los cedros
y pulsaba sus poros con el polen
indemne de las larvas.
¡Gloria y loor a Ella,
a su útero vivo de pistilos,
a su orquídea feraz y a su cintura!
Reverbere su gozo
en uvas y en estrellas,
en palomas y espigas,
porque es hermosa y grande,
oh la magnolia blanca. Sola!




...

sábado

Propuesta del higo

Painting: Sharon Knettell





Propuesta del higo



Te propongo
la dulzura del higo,
su carne sonrosada,
replegada y húmeda
como un animal marino.

Goza el misterio de este fruto,
su textura de molusco,
su íntimo tamaño.
Tersa,
su pulpa
apremiará el deseo
de tu lengua.

Te propongo
las delicias del higo.
Muerde su violado,
desamparado centro,
prueba de nuevo -empecinado-
su carne
que guarda mieles y diluvios.

Las delicias y dulzura del higo
-pequeño y desbordado-
tan sólo te propongo.
Que tu boca profunda
se demore
en el dulzor secreto,
que asalte con lentitud
su carne desvelada.

Deja que a tu paladar
traiga la memoria
de sabores primitivos.



  • Carmen Matute
  • Ciudad de Guatemala - 1944.


..

Tus brazos como blancos animales nocturnos ...

Michelle Torrez





Tus brazos
como blancos animales nocturnos
afluyen donde mi alma suavemente golpea.
A mi lado,
como un piano de plata profunda
parpadea tu voz,
sencilla como el mar cuando está solo
y organiza naufragios de peces y de vino
para la próxima estación del agua.
Luego,
mi amor bajo tu voz resbala,
Mi sexo como el mundo
diluvia y tiene pájaros,
Y me estallan al pecho palomas y desnudos.
Y ya dentro de ti
yo no puedo encontrarme,
cayendo en el camino de mi cuerpo,
Con sumergida y tierna
vocación de espesura,
Con derrumbado aliento
y forma última.Tú me conduces a mi cuerpo,
y llego,
extiendo el vientre
y su humedad vastísima,
donde crecen benignos pesebres y azucenas
y un animal pequeño,
doliente y transitivo.



  • Eunice Odio
  • (San José : Costa Rica, 1922 - México, 1974)


miércoles

Apresúrate, desanuda las cintas...

Sylvia Trybek




  • DIOTIMA A SU MUY APLICADO DISCÍPULO

El más encantador instante de la tarde
tras el anaranjado visillo primorosa.
Y en la mesita el té
y un ramillete, desmayadas rosas,
y en la otomana de rayada seda,
extendida la falda, asomando mi pie
provocativo, aguardo a que tú avecines
a mi cuello, descendiendo la mirada
por el oscuro embudo de mi escote,
ahuecado a propósito. Sonrójome
y tus dedos inician meditadas cautelas
por mi falda; demoran en los profundos túneles
del plisado y recorren las rizadas estrellas
del guipur. Apresúrate, ven, recibe estos pétalos
de rosas, pétalos como muslos
de impolutas vestales, velados. Que mi boca
rebose en sus sedosos trozos, tersos y densos
cual labios asomados a mis dientes
exigiendo el mordisco. Amordázate,
el jadeo de tu alto puñal, y sea tu beso
heraldo de las flores. Apresúrate,
desanuda las cintas, comprueba la pendiente
durísima del prieto seno, míralo, tócalo
y en sus tiesos pináculos derrama tu saliva
mientras siento, en mis piernas, tu amenaza.


  • Ana Rossetti

sábado

Destino

Rob Hefferan




Busca la luz en las tinieblas,
una voz de caramelo puro
te llama,

descubre sus moradas
vírgenes,
sus azúcares líquidos,
el rumor del compás estremecido,

navega bajo el tibio verano
enfebrecido y loco,
inexperta piel que huele
a manzanas rojas y a menta
de los bosques.

No dudes de su carne
tierna,
de su sabor dulcísimo.

Ella te volará en los cielos
como águila poderosa
desafiando al mundo
y sus designios.

Ella es tu destino ahora,
cíñete a sus piernas
y déjate inventar
como lo haría un pájaro
recién nacido.

...


--

EL ALMA DE LA BAILARINA

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“El alma del filósofo habita en su cabeza; el alma del poeta, en su corazón; el alma del cantante reside en su garganta. Pero el alma de la bailarina, tiene su morada en todo su cuerpo” Gibran Khalil Gibran

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Beatrice Appleyard, dancer, England, 1934

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El trabajo del cuerpo, eleva el espíritu y sosiega la materia.