las verdades de tu pelo
cómo ondulan en el viento
las verdades de tu pelo
cómo se agitan en la vida
las claras mechas de
tu pensamiento
Francisco Cenamor
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DANCE AND BALLET IN THE ART
Beginnings, Trisha Lambi
De "Molino Rojo": Jacobo Fijman
Elegía
Cuerpo, criatura, sí, tú y yo nos conocimos.
Tal vez corrí a tu encuentro
como corre la nube cargada de relámpagos.
Ay, esa luz tan breve, esa fulminación,
ese vasto silencio que sigue a la catástrofe.
Quienes ahora nos miran (piedras oscuras, trozos
de materia ya usada)
no sabrán que un instante nuestro nombre fue amor
y que en la eternidad nos llamamos destino.
Rosario Castellanos
Vladimir Ezhakov
- Iba, en un paso rítmico y felino
- a avances dulces, ágiles o rudos,
- con algo de animal y de divino
- la bailarina de los pies desnudos.
- Su falda era la falda de las rosas,
- en sus pechos había dos escudos…
- Constelada de casos y de cosas…
- La bailarina de los pies desnudos.
- Bajaban mil deleites de los senos
- hacia la perla hundida del ombligo,
- e iniciaban propósitos obscenos
- azúcares de fresa y miel de higo.
- A un lado de la silla gestatoria
- estaban mis bufones y mis mudos…
- ¡Y era toda Selene y Anactoria
- la bailarina de los pies desnudos!
- Si tu quisieras enseñarme
- si en este instante pusieras tus pies en el lugar justo,
- juro que aprendería el lenguaje de la danza.
- Sé que al verte así, en ese compás etéreo
- y sin mirar más que a los dioses
- que iluminan tu armonía
- soy presa de una angustia
- que solo anhelo liberar con tu lección de danza.
- Hazme volar, donde tu vuelas
- en las noches clandestinas en que yo
- no puedo sino contemplarte extasiada
- y soñar con tu mano junto a la mía bailando.
C. P.
Ignacio díaz Olano, (Vitoria, 1860-1937)Kenneth W. Maddox
Arthur Kampf
Mi pasión no existiría
si dijese su nombre.
Suzanne Eisendieck Estás en mí tan lenta que parece agua continua.
Te veo caer
en mis últimos
sueños, en blancos espacios de soledad.
A la distancia
mínima del deseo y la belleza.
Oigo la música de tu cuerpo en la yema de mis dedos.
Ni el candor de tu rostro, que revela
que tu sensible corazón dormita,
ni tu mórbido seno que palpita,
ni tu inocente gracia que consuela;
ni tus brillantes ojos de gacela,
ni tu boca de grana, urna bendita
donde un beso parece que se agita
cual mariposa que vagar anhela,
inspiran más al alma enamorada,
por tus encantos celestiales loca
ya tu yugo hace tiempo encadenada,
que ese lunar que a adoración provoca…,
¡pequeña, fugitiva pincelada
que el Amor quiso dar junto a tu boca!
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