con los fantasmas de reemplazo, la invención obscena,
esta fácil ternura del recuerdo a pieacere,
ponerte frente, alzarte como eres, obligarte
de luz y de verdad a ser de nuevo
la copa y el rumor de pájaros
sobre el tronco desnudo.
Esa mujer
se pinta la cara
y con una mueca
fugaz deshace
la escarcha
de los siglos.
...
Alexander Sheversky
Pido que dispongas de mí Piensa que soy tu agua o la fruta del sol en tu avidez Quiero que me devores suavemente como a una franca miel, como a una hostia envenenada. Elizabeth Azcona Cranwell
Debe quedar (tiene que quedar)
algún rincón de selva
alguna isla pacífica, desértica
un lugar
con cierta intimidad para besar la tierra.
De pronto, sientes un croar de ojos burbujeando,
granadas,
sobre tu espalda.
Es la noche
con sus labios
abrazada a tus venas.
Se abre el cielo
-sarcófago de fresca turmalina-.
Despiertas con la luna en tu espalda,
vastas lenguas de plata,
mejillas al sol,
falanges florecidas:
has llegado a la corteza.
Tus uñas tiemblan versos hasta henchirse de carmines.
El cielo es un retazo encriptado en tus manos.
Mañana la luna se cerrará en tus pupilas.
Mañana será tiempo de eclipses.
Abrirás los ojos
y escucharás las gotas
tras cortinas;
verás como mi espalda se dibuja en la luz
sobre tu cama.
Buscarás la noche entre las sábanas
y no hallarás mas que agua,
mariposas que se evaporan entre los dedos.
Toseré un poco, no debes preocuparte,
igual y es el reloj que ha parpadeado
o tu caricia que se ha salido de mi sueño.
Llenarás tus ojos con la piel
y buscarás la manera de quedarte,
de verme desnuda, con un puñado de sol
(en la mano) que no se va,
que nos toca a la puerta.
Despertaré y te habrás ido:
fuimos un punto en el mapa,
un sueño,
una llama.
Irma Torregrosa
- Francisco Hernández: San Andrés Tuxtla, Veracruz , 1946.
- José Ángel Valente
ECLIPSE DE UNA VOZ
Su voz era la danza,
segunda piel hecha de arrullos,
túnel de luz hacia el mañana,
la piedra necesaria
para cruzar los charcos.
Un día se desplomó
como lo hacen las paredes
cuando las vigas gimen
y se arrodillan las casas.
Entre silencios de polvo y escombros
su lengua innecesaria palpita
y se redime en el hundimiento
de todas las palabras.
En la saliva derramada
flotan pétalos, las cuerdas
de un laúd y cisnes blancos
cruzan un puente de barcas,
un arcoíris palidece en el mástil
de su horizonte, eco desvanecido.
José María Torrijos
APRENDIZAJES
Comienzo
a perder instantes.
A perderme.
Una décima de segundo.
Un milésimo de silencio.
Nada me despoja.
Todo me desnuda.
Es lo infinito que regresa.
Aprendo
a habitar el esplendor
de la sombra.
Ana Emilia Lahittea

Alejandra Pizarnik
- Ida Vitale
- Montevideo: 1924
Neus Aguado, Argentina, 1955
La musa
José Manuel Caballero Bonald